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Vuelve para violar a su amiga tras dejarla en casa totalmente ebria

 

Habían salido de fiesta en grupo, consumieron alcohol, ella se sintió indispuesta, perdió el conocimiento y sus amigos la llevaron a casa dejándola en el sofá. Era un jueves, el 25 de agosto de 2016, y lo que ocurrió después en su domicilio se denunció el 3 de octubre, probablemente cuando la víctima, aquejada de graves secuelas emocionales, reunió fuerzas para contar lo sucedido.

Los hechos ocurrieron en la localidad pontevedresa de A Estrada. Según hace constar la Fiscalía en su escrito de acusación, M., uno de los chicos que la había acompañado a casa, «sabiendo que la puerta había quedado abierta» y que la mujer «se encontraba sola y completamente ebria», regresó al domicilio «con el propósito de satisfacer su ánimo libidinoso aprovechando que ella difícilmente podría impedírselo». Ayudó a la chica a subir las escaleras hacia el dormitorio y a quitarse la ropa, dejándola en ropa interior, y se metió en la cama con ella. A continuación, relata la Fiscalía, «el acusado comenzó a tocar con la mano los genitales de XXX por dentro de su ropa, pese a que ella le pidió que parase y trató de quitarle la mano, si bien debido a su estado de semi consciencia no era capaz de efectuar una resistencia eficaz. El acusado la colocó de espaldas hacia él para poder acceder mejor a sus partes íntimas, tratando XXX de oponerse. En un momento dado, intentó penetrarla analmente. Para intentar evitarlo, ella se incorporó y se sentó en la cama; momento en el que el acusado le cogió la cabeza y se la puso hacia abajo para que le hiciera una felación. En ese momento volvió a caer desmayada. Cuando recobró el conocimiento, él la estaba penetrando vaginalmente con su miembro viril, aprovechando que ella no podía oponer ningún tipo de resistencia al estar inconsciente».

La Fiscalía solicita para el acusado seis años de prisión y prohibición de aproximarse a menos de cien metros de su víctima, de su domicilio, lugar de trabajo o cualquier otro frecuentado por ella, así como de comunicarse por cualquier medio, durante un tiempo superior en dos años a la pena de prisión que se acuerde.

La víctima requirió atención psicológica y tratamiento psiquiátrico, con ansiolíticos y antidepresivos, y conserva «sintomatología propia de un trastorno de estrés postraumático, con una relevante ansiedad, la presencia de un síndrome afectivo grave, y depresión mayor». Asimismo, arrastra «un fuerte sentimiento de estigmatización que puede provocar un gran aislamiento y restricción social; así como la presencia de sentimientos de ira, rabia, frustración y desamparo relacionados con los hechos». En concepto de responsabilidad civil se piden 50.000 euros por los daños morales y secuelas psicológicas causadas.

 

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