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Vivió meses escondido en un ducto de ventilación. Podía pagar la universidad pero no la habitación

Por lo general, las universidades suelen ser muy caras. Si no consigues una beca, puedes terminar pagando muchísimo dinero. Y muchos jóvenes además deben dejar sus ciudades o países para poder estudiar, debiendo costear además un lugar donde vivir. Eso ya es muchísimo dinero.

Incluso algunos relatos incluyen historias de alumnos que “vivían” en las salas de estar de las universidades. Quién sabe, puede llegar a ser cierto.

Pero la historia de Allan Kornfeld supera a cualquiera que haya utilizado un lugar inusual como hogar. No tenía dinero, pero supo solucionarlo de una forma ingeniosa. Y claramente olvidó la vergüenza.

Allan entró a la prestigiosa Universidad Yale y tuvo que dejar su hogar en Tulsa, Oklahoma, para mudarse a New Haven, Connecticut. Afortunadamente obtuvo una beca de cuatro años.

Sin embargo, ese dinero se acabó en junio de 1963. El joven de entonces 22 años se rehusaba a dejar la universidad. Solo quería pasar más tiempo en el lugar. Y quedaba tiempo para su graduación. Pero no tenía dinero para alquilar una habitación, entonces optó por vivir escondido en el campus. ¿El lugar elegido? El conducto de ventilación.

Capaz de pagar la matrícula en Yale, pero sin alojamiento, Allan Kornfeld vivió a escondidas durante siete meses.

Appleton Post-Crescent

Aunque encontrar ese escondite no fue para nada fácil. Antes de quedarse en el conducto, primero lo intentó en el ático de la escuela Silliman College. Aunque como era de esperarse, lo descubrieron y la policía lo sacó. Tratar de pasar desapercibido era complejo para un joven de un metro noventa de estatura.

Luego de ese desafortunado intento, lo encontró: un estrecho pasadizo de ladrillos que servía para ventilar las pistas de squash de la universidad. Puso un colchón, un escritorio, una radio y un reloj. Ahí pasó sus días.

Ocultó la entrada del pozo de ventilación cubriéndola con papel tapiz con dibujos de ladrillos. Se encargó de que solo sus amigos supieran su secreto y en su rutina era cuidadoso para no ser descubierto. Se despertaba, iba a clase, comía en el comedor de la universidad  y volvía a su escondite para seguir estudiando.

Salió de su “dormitorio” después de graduarse y compartió su historia con la prensa: “Hacía un poco de frío” aseguró al periódico The Post-Crescent.  Se convirtió en una leyenda de la famosa Yale.

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