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“Soy prostituta, no una víctima”: La respuesta de esta mujer a feministas que buscan vetar actividad

“Voy a empezar fuerte”, dijo Lucía Fernández, quien fue invitada a la jornada “Prostitución, Derechos y Vulnerabilidad: regular, evitar, prohibir” de la Universidad de Oviedo, de la que es alumna. Con 26 años, quien utiliza el nombre de Lucía Fernández para proteger su verdadera identidad, relató a los cientos de alumnos que yacían apostados en el Aula Magna de la Facultad de Derecho que además de ser estudiante de leyes, era prostituta.

El conversatorio entre autoridades y alumnos había focalizado el debate en la legislación actual en España y la percepción ciudadana que recae en el comercio sexual, sin embargo éste había apartado la realidad de quienes se encuentran inmersos en el mundo de la compra y venta de sexo. Fue allí en donde Lucía, quien no teme en admitir que ejerce la prostitución abiertamente, encontró el espacio indicado para silenciar los prejuicios y estigmas que rodean a las trabajadoras sexuales, especialmente el que alude a que éstas son “víctimas”. 

Mi objetivo es que las personas se formen un criterio certero porque a las prostitutas nos molesta que se hable de nosotras sin contar con nosotras“, fue la frase con la que Fernández inició uno de los relatos más esperados por los estudiantes. La mujer de 26 años expuso que la estigmatización que rodea a la mujer como un ser pasivo, genera que la actividad de las prostitutas se contraponga absolutamente con el ideal de mujer instaurado por la sociedad, calificándolas como “víctimas”.

“El estigma es fomentado por una sociedad que viene de unos valores arraigados en la teoría judeo cristiana que quiso hacer de las mujeres un objeto de reproducción, de sumisión, de estar en casa y cuidar a los niños. Esto se traduce en la actual brecha salarial y la estigmatización de la mujer. La prostitución es una opción perfectamente válida para mujeres a las que no nos supere un dilema moral. No soy una víctima“.

Neville
Neville

Su iniciación en la prostitución se remonta a la época en que estuvo de intercambio en Barcelona. “Es una ciudad cara”, dice Fernández. El miedo a no vivir con las mismas comodidades que tenía en Asturias, generó que barajara por primera vez la opción de ser prostituta para ganar dinero. Conocía a una chica que se desempeñaba como trabajadora sexual, quien a raíz de su testimonio la incentivó a probar. 

Google fue la principal herramienta con la que aprendió a cómo podía forjar un negocio en base de la promoción de su cuerpo. Tres semanas antes de irse de Barcelona, Fernández comenzó trabajando en un piso dedicado al comercio sexual. La paga y la flexibilidad en términos laborales desencadenaron que hoy y a más de dos año de eso, Lucía siga desempeñándose como prostituta. 

“Al final entré a trabajar en un piso bastante conocido en Gijón. Entré para tres semanas, que era el tiempo que me faltaba para marcharme a Barcelona, y hoy sigo en la profesión”.

Hoy, la estudiante de leyes asegura ser la dueña de su cuerpo, idea que le ha permitido reconocer su profesión abiertamente y sin tapujos. Esto no sólo la ha alejado de amigos y personas que no logran concebir que venda su cuerpo voluntariamente, sino que ha roto los lazos que mantenía con sus padres. Tras un mes en el comercio sexual, decidió contarles a sus padres. “A mi madre no le queda más remedio que aceptarlo y con mi padre no me hablo”, asegura. 

El Comercio

La prostitución como explotación y no como una decisión personal

España, al igual que Suiza, se ha propuesto a discutir sobre las regularizaciones que deben coexistir junto a la prostitución, mayoritariamente clandestina. En este debate han salido a la luz múltiples opiniones que aluden a que dicha profesión y/o actividad debiese ser prohibida, debido a la presunción que alude a que el origen de la prostitución responde a algo impuesto y no a una decisión personal. 

“La guerra contra las feministas radicales y los que abogan por abolir la actividad es eterna. Yo soy dueña de mi cuerpo”.

Urba Andina

La directora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de la Coruña, en España, Rosa Cobo Bedía asegura que las feministas que abogan por la legalización de la prostitución en base de la premisa del “empoderamiento del cuerpo femenino”, dejan de lado la vulneración y explotación que suele estar asociada a las trabajadoras sexuales. 

“Las feministas que hacen esa afirmación son muy pocas. Quienes difunden esta idea son los grupos que están interesados en que siga existiendo la industria del sexo. Bien porque tienen intereses económicos concretos, anuncios de prostitución en periódicos, dueños de burdeles, hoteles donde se desarrolla la prostitución o agencias de turismo sexual, o bien porque son demandantes de prostitución, es decir, puteros”.

“En el capitalismo neoliberal se enmascara la explotación también a través del lenguaje. Si decimos que lo hacen porque quieren y no porque no tienen recursos, si decimos que están empoderadas en lugar de hablar de su vulnerabilidad, estamos invisibilizando la explotación sexual y económica que es la prostitución”.

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