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“Pero somos mejores en las ciencias”. Cómo los hombres siguen creyéndose más listos que las mujeres

Jamás ha sido un secreto el hecho de que los hombres son los que gobiernan algunas disciplinas laborales. Pensemos, por ejemplo, en áreas como la ingeniería, los vídeo juegos, los cómics o las ciencias. A pesar de esto, las mujeres tienen increíbles exponentes en todos esos campos, como Meg Urry, Jo Handelsman, y Bonnie Fleming, solo por nombrar algunas de las norteamericanas. Pero en estas áreas, el excesivo número de representantes masculinos suele eclipsar a las pocas mujeres que deciden tomar una carrera afín. Generalmente, cuando una mujer entra en estos circuitos cerrados y comandados por lo que antiguamente era llamado “el sexo fuerte”, sus compañeros le exigen más de lo que se exigen entre ellos, y ella debe hacer una suerte de demostración de que merece pertenecer a su área específica.

Probablemente muchas de las personas que ahora leen esto, se digan a sí mismas cosas como: “no es para tanto”, “están exagerando”, “hemos logrado disminuir la brecha”. Pero lamentablemente, esa es una visión sesgada y un lugar recurrente a la hora de abordar estos problemas sin la intención de arreglarlos. Todos sabemos que hacer como que algo no existe siempre ha sido mucho más fácil que repararlo. Así que, tal vez, sería mejor tomar algunos datos para hablar del tema con más propiedad.

La gran brecha según el Foro Económico Mundial

Según el Informe Global de la Brecha de Género que el Foro Económico Mundial realizó el 2016, los resultados son menos que alentadores para las esperanzas de que las desigualdades laborales contra las mujeres terminen pronto. El pronóstico es que, si el mundo continúa al ritmo actual, la igualdad económica entre ambos sexos podría llegar a tardarse 170 años en acabar. Según las conclusiones del informe:

“El mundo se enfrenta a un desperdicio de talento al no actuar con rapidez para frenar la desigualdad de género. Esto podría poner el crecimiento económico en riesgo y privar a las economías de la oportunidad de desarrollarse”.

De acuerdo a los números reunidos por el Foro Económico Mundial, en 95 países el número de mujeres universitarias es igual o mayor al de los hombres. Sin embargo, aún continúa habiendo una ralentización importante en el mercado de laboral. Según indican datos ONU, la diferencia entre los sexos en su dimensión salarial a nivel global es en promedio, de un 23%. Por si esto fuera poco, habiendo más profesionales mujeres, para ellas resulta una tarea mucho más difícil poder encontrar trabajo, y siempre cuentan con más trabas para ascender. 

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Las aulas

Algunas personas consideran que las brechas salariales y que proponen esas diferencias abismales, son algo que comienza y se queda en el mundo laboral. Sin embargo, un estudio de la Universidad Estatal de Arizona, se ha encargado de desmentir esto, en una búsqueda por llegar un poco más al origen del asunto. Para demostrarlo, no se centraron tanto en la diferencia misma, sino en la perpetuación de esta diferenciación. Los investigadores se centraron la actitud de los hombres que fueron criados bajo esta misma lógica del éxito y las facilidades.

Para esto, tomaron a un grupo de estudiantes de Biología, curiosamente, una de las muchas disciplinas científicas en la que la representación masculina es mucho mayor a la femenina. La prueba se realizó en una clase de Fisiología con 202 estudiantes. 130 mujeres, 70 hombres, y dos identificados como pertenecientes a otra categoría. Y el principal parámetro que usaron para la medición de este experimento, fue ver qué tanto podía el ego masculino eclipsar al femenino. En otras palabras, qué tanto creen los hombres que son mejores que las mujeres, aún en una edad en la que aún están en formación (y en una época en la que hemos creído derribar estos preceptos).

Mujeres notables en la ciencia: Meg Urry, profesora de física y astronomía en Yale. (Foto: Joseph Ow/The New York Times)

Los resultados fueron tan poco sorpresivos como desesperanzadores. Arrojaron que un estudiante hombre con calificaciones promedio se sentía más inteligente que el 66% de sus compañeros de clase. En cambio, una mujer con calificaciones similares, se percibe a sí misma como una persona más lista que solo el 54% de la clase. Un número bastante más aterrizado si pensamos que, en la definición más conservadora y acotada del promedio y las calificaciones como una medición, serían bastante cercanos al 50%.

Pero las conclusiones del estudio no se detenían ahí, ya que, cuando la pregunta pasaba del grupo general a sujetos específicos, estos números aumentaban. En el momento en el que los investigadores les pedían a los estudiantes que se comparasen a sí mismos con ciertos compañeros individuales, había tres veces más probabilidades que un hombre se considerase más listo que otra persona, a cuando la mujer respondía la misma pregunta. 

Después de que los estudiantes respondieran a las preguntas, se les pidió que señalaran cuáles fueron los métodos de evaluación que utilizaron para llegar a sus conclusiones. Sorpresivamente, había pocas diferencias por género. Para casi todos, los parámetros principales eran quién contestaba más preguntas de manera correcta, y quién entendía mejor las materias. 

Mujeres notables en la ciencia: Jo Handelsman, profesora de biología celular y molecular en Yale (Foto: Joseph Ow/The New York Times)

Más que solo resultados

Según Sara Brownell, profesora adjunta de la Escuela de Ciencias de la Vida de la Universidad Estatal de Arizona, quien estuvo encargada de este estudio junto a Katelyn Cooper, estudiante de posgrado de la misma casa de estudios:

“No basta solo con contar la cantidad de estudiantes en un aula y decir: ‘Bueno, aquí hay más mujeres y la experiencia de las mujeres en Biología es exactamente igual a la de los hombres’, porque lo que estamos viendo es que no es así”.

Matt Cosby/The New York Times

Los hallazgos, además de llegar a la conclusión de cómo los hombres eclipsan a las mujeres desde edades tan tempranas (obviando la reproducción de los estereotipos en la infancia), pero que son caracterizadas por su pensamiento crítico, también contribuyen a la evidencia de la brecha de género en campos relacionados con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. 

Además, también arrojaron de que los hombres y las mujeres que estudian ciencias y tienen percepciones tan distintas de sus propias capacidades, podrían afectar seriamente aspectos fundamentales de la experiencia de un profesional en formación, como la motivación, la participación, y la confianza.

Mujeres notables en la ciencia: Bonnie Fleming, la segunda mujer en integrar el departamento de física de Yale (Foto: Joseph Ow/The New York Times)

Para ambas investigadoras, una posible solución ante ambientes que generan estas conclusiones, es que los maestros motiven la participación de las alumnas dentro del aula, y que también las inviten a responder más preguntas. Sin importar si la persona consultada está, o no, en lo correcto. En palabras de Cooper:

“Quizás contribuir y escuchar sus propias voces, y tal vez escuchar a otros estudiantes elaborar sus propias ideas podrían ser factores realmente importantes para mejorar la manera en que los estudiantes perciben sus propias capacidades”.

Sin embargo, y muy a pesar de lo llamativo del estudio, tanto Brownell como Cooper hicieron un llamado a que este estudio no provocase una generalización en todos los espacios y áreas del conocimiento, pues se realizó a solo una generación de solo una universidad. Antes, aseguran, quieren replicarlo en años tanto superiores como inferiores de más universidades. Contextos donde, idealmente, también varíen el tipo de alumnos y los maestros. De esta manera, las investigadoras podrán ver si hay alguna alteración en la forma en que otros estudiantes ven estas brechas. 

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