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Mi abuelo me eligió la ropa durante una semana y me sorprendió

 

Mi abuelo tiene 81 años y un estilo único. Sus amigos y compañeros de trabajo lo admiran por sus trajes y camisas llenos de color y la forma en la que combina zapatillas con prendas más formales.

Por lo general, me consulta a mí para que lo guíe con la ropa que se va a poner al otro día y armamos conjuntos llenos de onda. Esta vez quise invertir los roles y le pedí que fuera él quien eligiera mi ropa durante una semana.

Sin poder incidir en sus decisiones, le abrí las puertas de mi guardarropa y lo dejé elegir los outfits de toda mi semana. Aunque me costó perder el control de la forma en la que iba a salir a la calle, después de unos días me acostumbré y me sentí libre y con una preocupación menos.

Lunes. Día 1:

Si hay un detalle que le gusta a mi abuelo es el color, algo de lo que mi guardarropas carece. Sin embargo, se las ingenió para elegirme un look bastante llamativo y… cómodo. Un jogging, sumado a unas zapatillas con plataforma color blancas y una remera que dice “Oslo”, la capital de Noruega y mi ciudad favorita en el mundo. ¿El problema? De abrigo me eligió una campera bomber color roja y negra con varios parches, lo que no me hizo sentir muy cómoda por la cantidad de color involucrado en mi ropa, así que preferí tener frío y llevarla dentro de mi mochila la mayor parte del día.

Aunque es un estilo que me pondría más para irme a tomar un avión que para ir al trabajo, no puedo negar que me gustó bastante por lo sencillo y cómodo.

El mejor momento de mi día fue cuando mi amiga Ana me escribió para decirme que mi look era muy Kardashian. Eso me levantó el ánimo. ¿Quién no quiere seguir las tendencias de las hermanas más fashionistas de Hollywood?

Martes. Día 2:

Cuando vi el conjunto que armó me dio un poco de miedo, pero cuando lo probé me enamoré completamente. Esta vez, mi abuelo eligió un vestido negro largo básico, con las mismas zapatillas blancas que el primer día del reto y una campera de jean roja que, literal, tengo desde los 9 años. Es una de esas reliquias que tenía guardadas en mi placard que solo uso para sesiones de fotos, pero llamó su atención, decidió sumarla y acertó completamente.

Nuevamente la comodidad fue la protagonista de este look, porque me eligió zapatillas para andar todo el día por la calle sin problemas. Además, le agregó el collar como accesorio y le sumó mil puntos al outfit.

Al final del día me di cuenta que había hecho un montón de cosas y no me había preocupado en lo absoluto por la ropa que tenía puesta. ¡Gracias, abuelito!

Miércoles. Día 3:

Si bien el look era más para salir de noche, me sentí bastante cómoda. En esta oportunidad eligió una remera dorada llena de brillos, un pantalón negro simil cuero y una campera de una tela muy parecida. Zapatos altos negros fueron el calzado elegido, lo que me trajo algunas caídas graciosas durante el día, pero nada de que preocuparse.

Si no hubiera sido por la humedad y el calor que hizo durante todo el día, tal vez me hubiera sentido más cómoda. A pesar de eso, cuando llegó la noche y salí a un bar a tomar algo, sentí que estaba perfecta para la ocasión.

Jueves. Día 4:

Volvió el calor y mi abuelo tuvo compasión, así que me eligió un vestido corto y unas zapatillas para “estar cómoda”, según sus propias palabras.

Además, me sacó completamente de mi zona de confort y decidió que me dejara el pelo al natural, con mis rulos al viento. Esto fue difícil porque yo suelo plancharme el pelo y tenerlo lacio. Sin embargo, haber ahorrado el tiempo que le suelo dedicar a mi cabello me permitió disfrutar de algunas cosas más espontáneas durante el día.

El calor continuó todo el día y toda la noche, por lo que el vestido me permitió sentirme bien y acompañó a los planes que armé durante toda la jornada. Nuevamente, un gran acierto de mi abuelo.

Viernes. Día 5:

A esta altura del experimento, tanto mi abuelo como yo nos sentíamos más a gusto y él, con toda la naturalidad del mundo, eligió entre mis vestidos uno lleno de flores y zapatillas rosas metalizadas.

La fórmula me pareció interesante, cómoda y muy canchera. Por un momento hasta me olvidé que la ropa no la había elegido yo. Sin dudas, una linda manera de terminar el reto, y la semana.

Estos días aprendí que mi abuelo tiene una perspectiva más desprejuiciada sobre la ropa. Me abrió un panorama distinto y me enseñó a no tenerle miedo al color, a mezclar prendas que jamás creí que iban juntas y divertirme un poco más con las opciones que tengo.

Aprovechar ese tiempo que tardo en elegir y probarme ropa me ahorró un montón de desilusiones. ¿Volvería a dejar que mi abuelo me elija la ropa? ¡Absolutamente sí! Y mi más humilde consejo es que se animen a que algún familiar o amigo les arme los looks de su semana, al menos una vez en la vida.

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