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Le enviaban cartas insultándola y la amarraron a una silla. Ella los demandó y la corte la desestimó

DeAnn Fitzpatrick comenzó a trabajar en 2006 para Marine Scotland, una agencia del gobierno escocés que se encarga de la protección de las aguas costeras y del territorio marítimo de Escocia. En ese entonces, tenía 37 años y pensaba haber encontrado un buen empleo. Sin embargo, estaba obviando la posibilidad de encontrarse con acosadores en el trabajo. Algo de lo que, por supuesto, nadie debería preocuparse.

DeAnn entró en un entorno profundamente dominado por la masculinidad y la discriminación hacia las mujeres. Solo por el hecho de ser mujer y canadiense, las cosas se le pusieron cuesta arriba demasiado pronto. Aseguraba que sus compañeros la molestaban, le hacían comentarios poco apropiados y en ocasiones, hasta eran rudos físicamente con ella. Desgraciadamente, al parecer, nada demasiado nuevo en el contexto de los hombres que trabajan en empresas marítimas  pero las cosas se salieron de control bastante pronto.

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A pesar de que hoy en día vivimos en una época en la que ya no existe tal cosa como “bullying en su justa medida”, los compañeros de trabajo de DeAnn tuvieron un comportamiento hostil, grosero y profundamente dañino. A pesar de haber sido molestada gradualmente desde el 2006, uno de los peores episodios vino cuando, poco tiempo después, ella comenzó a recibir cartas falsas de cumpleaños y del día de San Valentín en el trabajo. Ella, hasta el día de hoy, cree que eran enviadas a la oficina por sus mismos colegas hombres.

Las cartas eran hirientes. En una de ellas llamaban a DeAnn “la vieja troll”, y en repetidas ocasiones se mencionaba que ella solo estaba ahí para subir, “abusando” de su posición como mujer. En una de las cartas se hablaba de ella como una persona que solo estaba ahí intentando “subir por la escalera del éxito”. Años después, DeAnn le contaría a un tribunal que “Cuando comenzaron a llegar [las cartas], me hicieron sentir horrible. Pero mientras seguían y seguían llegando, terminaron por afectar mi autoestima”.

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Pero lo peor para DeAnn no llegaría hasta el 2010, año en el que, en un día común y corriente de oficina, fue maniatada a una silla por sus compañeros de trabajo, y en busca de que dejase de gritar y quejarse, terminaron por taparle la boca con cinta adhesiva. A pesar de haber tenido antes una larga lista de sospechas, eso era lo que terminaba por corroborarle a DeAnn que estaba siendo el objeto de burla de un grupo misógino y profundamente intolerante. Sus compañeros, llenos de risa, comenzaron a sacarle fotos: en la imagen, se ve a DeAnn con un uniforme azul. Sus cabeza y sus brazos están más borrosas que su torso, eso denota el movimiento del cuerpo. Tiene los ojos cerrados y la cabeza algo agachada.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. DeAnn decidió interponer una denuncia laboral por acoso, bullying y violencia de género en la corte. Fueron varios años esperando un veredicto, DeAnn presentó evidencias que fueron prescritas en la corte y parecía tener las de ganar en el caso. Sin embargo, ayer la sentencia por fin salió: la denuncia había sido desestimada.

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Todas las personas cercanas a la víctima están impresionadas por el fallo. Jueces, abogados y jurados de la corte tuvieron que oír como DeAnn fue empujada a pensar en el suicidio por culpa del acoso de parte de sus compañeros de trabajo. Ella misma contó en la corte que pensó en quitarse la vida, y tuvo que ponerse en contacto con una clínica para suicidas. Según su testimonio, todo por lo que tuvo que pasar durante esos años en Marine Scotland “Me convirtió en una reclusa. Me quedo en casa, estoy ensimismada. Con todo lo que ha pasado en estos últimos años contacté a Dignitas en Suiza. Ya he tenido suficiente”.

Dignitas es una empresa suiza sin fines de lucro que ayuda a la gente a morir de manera asistida. Aquello a lo que popularmente conocemos como “eutanasia”, pero que, por la legislación suiza, no tiene limitaciones según su contexto.

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El miércoles en la noche, DeAnn dio una entrevista al Daily Mirror en la que aseguraba que “es difícil cuando intentas lidiar toda tu carrera contra el racismo, la misoginia y los  bravucones. Para hacerlo aún peor, cuando denuncias los incidentes, tú eres la que es apuntada para seguir molestando, porque acabas de exponer aquello por lo que se esforzaron mucho en ocultar”.

Judith MacKinnon, una fiscal puesta por la corte para corroborar las denuncias de DeAnn, aseguró que todas las personas que se sentían de acuerdo con las denuncias de la mujer, decidieron no hablar. El miedo de lo que pudiesen hacerles en el trabajo los empujó al silencio.

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