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La víctima de La Manada habla por primera vez: “No os quedéis callados. Los dejáis ganar a ellos”

Todos conocemos la lamentable historia. En las fiestas de San Fermín del 2016, una muchacha de 18 años camina sola y borracha por las calles. Un grupo de cinco tipos la ve de lejos. Uno de ellos es guardia civil, otro militar. Tienen un grupo de Whatsapp asqueroso: en él, hablan de llevar burundanga y cloroformo a las fiestas porque “queremos violarlas a todas”; o de esa vez que a un vasco le pusieron una pistola en la cabeza y lo hicieron cantar. La interceptan. La llevan hasta un portal a la fuerza y la violan entre todos. Se van turnando para grabar. Queda un horrible registro en sus celulares y lo comparten en el mismo grupo. La muchacha queda desnuda y tirada en el portal. Uno de los cinco le rompe el celular para que no se pueda contactar con nadie. Afortunadamente, la encuentran. Le prestan abrigo y la llevan a la policía. Ahí decide hablar.

Después de una investigación de dos años, se llega a una sentencia: en el 2018, se resuelve que la violación grupal que dejó a una muchacha desnuda, desorientada y sin posibilidades de comunicarse, sea calificada como “abuso” y no como “agresión” sexual. La condena baja drásticamente, y se decide que cumplan 9 años de prisión efectiva. Como ya llevaban dos en la cárcel, por el período que duró la investigación, serán solo 7. Después de dictado el juicio, se les permite salir bajo fianza.

Afortunadamente, se sabe poco de la víctima. Su única aparición en los medios, fue cuando su identidad y sus fotos salieron a la luz por un error al publicar la sentencia. Es una persona joven y no merece que su vida se vea truncada estando expuesta al ojo público. Ya es suficiente con lo que le sucedió y con tener acceso a todo el material de internet. Hoy debería tener 20 años.

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

A pesar de que ha sido una persona reservada en la vida pública a la que podría estar expuesta, envió ayer una carta a un programa de televisión. Este sería el primer testimonio que la víctima da en público. La misiva llegó al programa de Ana Rosa Quintana, en la televisión española, y fue la misma presentadora quien la leyó a las cámaras.

La víctima está totalmente consciente del contexto en el que está escrita la carta, y rehuye de todos los lugares comunes que un lector podría esperar en un texto de este tipo. En un comienzo, asegura que no escribe para contar su versión de los hechos, sino que es una carta de agradecimiento: a sus padres por todo lo que le han enseñado, pero sobre todo, por no abandonarla; a sus tías, abuelos, tíos y primos. Asegura que la familia es uno de los lugares más importantes para poder estar seguro. Luego, pasa a agradecer también a las personas que ella ha decidido que estén en su vida, por todo el apoyo y la contención.

En el tercer párrafo de la carta, la joven agradece también a todas las personas que la ayudaron después del traumático suceso. Con toda sinceridad asegura que “ojalá nunca os hubiera conocido”, pero también es enfática en resaltar que la buena compañía llega en los momentos más hostiles y tristes. Al final del párrafo, se refiere a una amiga en particular, a la que asegura que jamás va a olvidar.

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

La presentadora lo lee todo de manera pausada y respetuosa. Asegura que el texto llegó a la redacción del programa esta mañana. Y continúa. La joven siente calma por el apoyo, incluso por el que le prestaron los desconocidos, y por la sororidad que empapó a España después de que su caso saliera a la luz. En sus palabra, quiere “agradecer a toda la gente que sin conocerme tomó España y me dio voz cuando muchos me la intentaron quitar. Gracias por no dejarme sola. Por creerme, hermanas. Gracias por todo, de todo corazón”.

Hacia la mitad del texto, la joven habla también de lo disociadas que pueden llegar a sentirse las personas que han sido abusadas. Para ella reinsertarse en la sociedad fue una labor ardua, y agradece a las asociaciones, a políticos, famosos y periodistas que la hayan respetado y se hayan preocupado por ella. Asegura que es difícil vivir en una sociedad en la que “si te violan tienes que llevar el cartel de violada pegado en la frente”. 

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

Luego, recalca lo que para ella es lo más importante de estos casos: denunciar. Para ella, nadie debe pasar por una situación como esta:

“Nadie tiene que lamentarse de beber, de hablar con gente en una fiesta, de ir sola a casa o de llevar una minifalda. Nos tenemos que lamentar todos de la mentalidad que tiene esta sociedad donde esto le puede pasar a cualquiera”.

Para la redactora de la misiva, no hay que tomarse con liviandad estas cosas. Es necesario ver la sensibilidad, la dignidad humana dentro de cada una de las personas que pasa por un proceso tan traumático como estos. Asegura en la carta que ha oído hablar en un sinfín de ocasiones sobre “la chica de sanfermines”. En la calle, en salas de espera y conversaciones de pasillo. Sin embargo, a veces, todos nosotros (espectadores, personas que revisan las noticias y entran a internet todos los días) nos olvidamos de esas cosas. Recordemos esto: en su carta, ella rectifica su posición. No es la “chica de sanfermines”: es hija, nieta, y amiga de alguien más. Y en muchas ocasiones, ese “de” es uno de nosotros. Además, es un ser humano, y como tal, merece dignidad sin la necesidad de estar asociada real o ficticiamente a uno de nosotros.

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

Hacia el final del texto, la joven insiste con la denuncia. Aunque piensen que no les crean, aunque los nervios sean demasiados y las víctimas teman a la humillación. Ella da la advertencia: no es un plato de buen gusto el camino a recorrer, pero que probablemente la historia sería increíblemente distinta si ella no hubiese denunciado. 

La carta insiste en que todos y todas debemos ser partícipes de los cambios sociales. Participar de los hechos. Y su autora asegura sentirse, personalmente, satisfecha con el hecho de que su caso haya removido algunas consciencias, y hecho que algunas personas se cuestionasen sus modos de actuar y las dinámicas sociales de las que muchas veces somos parte.

La carta remata diciendo que está dirigida a todos y todas: mujeres, hombres, niñas, niños que estén pasando por algo parecido. Asegura, también, que se puede salir. Apela y resalta la fuerza de los seres humanos en los momentos más críticos. Asegura que se parte desde los lugares más seguros: contándolo primero a un amigo, a un familiar, o a la policía. En su última frase, potente como el resto de la carta, declara que quien no denuncia, los está dejando ganar a ellos. 

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

La televisación de los abusadores

Hace apenas algunos días, se hizo efectiva la puesta en libertad bajo fianza de los miembros de La Manada. En muchos lugares se habló de la posibilidad de que algún programa de televisión los entrevistase. Como todos sabemos, muy tristemente, hay momentos de la historia en los que abusadores, personas violentas y de un actuar condenable, se convierten en especies de celebridades. Ya hay pequeños atisbos de que eso pueda pasar con este grupo. El mes pasado, cuando ya se había dictado el fallo, un grupo de seis hombres abusó de una muchacha de 21 años a la salida de una discoteca en otra ciudad de España. No hay nociones sobre las condenas, ni mucho menos cuestionamientos morales por hacer daño a los otros. Organizaciones feministas han llamado a boicotear a cualquier cadena que contemple la posible puesta de los cinco frente a las cámaras. La diputada socialista Ángeles Álvarez, y la portavoz del PSOE en el Congreso Adriana Lastra, se sumaron a estos dichos.

Aprovechando la instancia, Ana Rosa declaró que ningún programa de Mediaset le pagaría, de ninguna manera, a alguno de los miembros de La Manada por entrevistarlos. Susana Griso, presentadora de Espejo Público (Antena 3), se sumó a estos dichos.

Desgraciadamente sigue habiendo otros, mal llamados escépticos, que llaman a darle su espacio a estos nefastos personajes en la televisión. Un mes antes de la condena, Antonio Manuel Guerrero, guardia civil y uno de los miembros de La Manada, escribió una carta en la que negaba los hechos y acusaba a la víctima de mentir. La carta fue publicada por un diario digital, y muchos usuarios alegaban la culpabilidad de la víctima, y apelaban a la presunción de inocencia en casos como estos.

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

Es nuestro deber decirle a este tipo de sujetos que ya basta. No hay espacio en el ojo público para ellos. Si buscaban ser mediados por el conducto regular de la ley, ya lo tuvieron: pasaron por un juicio y estuvieron en prisión preventiva. Revisaron celulares, conversaciones, hablaron con más personas. Hubo exámenes físicos y psicológicos a la víctima, y se estudió el vídeo. Ahora es nuestro deber, como participantes de la sociedad y consumidores de medios el cerrar las puertas a los abusadores.

Ya tuvieron una defensa, rebajaron su condena, ignoraron audios de Whatsapp que aseguraban que “follarnos a una buena gorda entre los cinco en San Fermín sería apoteósico”. Ahora es el turno del resto de la sociedad el decir que no.

Después de la liberación de La Manada, una serie de protestas y concentraciones se vivieron en toda España, en las que cientos y miles de mujeres se reunieron en cada ocasión para protestar contra la violencia machista (Foto: AP)

Esta es la carta completa de la víctima: 

“Hola a todas y a todos,

Supongo que esta carta pensaréis que es para contar mi versión y mi vivencia, pero no es así. Esta carta es de agradecimiento. Mamá, papá, gracias no solo por el apoyo sino por sacar fuerzas de donde no la teníais y habérmelas dado a mí. Gracias por todo lo que me habéis enseñado y por todo lo que me enseñaréis, pero sobre todo por no abandonarme, ni abandonaros a vosotros por mucho que quisierais. Gracias a mis tías, a mis abuelos, a mis tíos y mis primos. Por hacerme ver que en esto se basa una familia. En estar siempre, pase lo que pase.

Quiero también dar las gracias a mis personas, mis elegidas, las mejores elecciones que he hecho en esta vida. Por apoyarme, llorar conmigo, enfadaros porque no tenía sentido lo que sentía. Por reír, por hacerme ver que lo mejor y lo peor de la vida hay que compartirlo, por odiar y sobre todo por querer. Vosotros me levantáis.

También quiero dar las gracias a todas las personas que me han ayudado en este camino. Ojalá nunca os hubiera conocido, pero la vida es así y te trae a las mejores personas en los peores momentos y eso es por algo. Ojalá nunca te hubiera conocido, amiga, de verdad. Pero gracias a esto tengo una persona imprescindible en mi vida. Compañera de batalla, que sé que nunca voy a olvidar.

También quiero agradecer a toda la gente que sin conocerme tomó España y me dio voz cuando muchos me la intentaron quitar. Gracias por no dejarme sola. Por creerme, hermanas. Gracias por todo, de corazón.

Gracias a todo el mundo que haya hablado de mí un segundo para repudiar lo sucedido. Asociaciones, personas de la calle, personalidades políticas, famosos, periodistas que me hayan respetado y, en general, a todo el que se haya preocupado por mí. Gracias por hacerme sentir otra vez parte de la sociedad en la que parece que si te violan, tienes que llevar el cartel de violada pegado en la frente. Gracias por luchar, gritar, llorar y apoyar esta causa.

Por último, para mí lo más importante: denunciad. Nadie tiene que pasar por esto. Nadie tiene que lamentarse de beber, de hablar con gente en una fiesta, de ir sola a casa o de llevar una minifalda. Nos tenemos que lamentar todos de la mentalidad que tiene esta sociedad donde esto le puede pasar a cualquiera. Os lo aseguro. Tened cuidado con lo que decís, no sabéis cuántas veces he oído hablar de ‘la chica de sanfermines’ sin saber que esa chica estaba sentada a tu lado. Por cierto, no soy ‘la chica de sanfermines’. Soy la hija, nieta, amiga y a lo mejor, ese ‘de’ sois unos de vosotros, así que por favor, pensadlo antes de hablar.

Igual que estamos mentalizados y no bromeamos con enfermedades, no podemos bromear con una violación. Es indecente y está en nuestras manos cambiarlo. Por favor, solo pido que por mucho que penséis que no os van a creer, denunciéis. Os puedo asegurar que todo el camino que hay que recorrer no es plato de buen gusto, pero qué hubiera pasado si yo no hubiera denunciado, pensadlo.

Está muy bien condenar unos hechos, pero todos tenemos que ser partícipes del cambio. Personalmente, con que mi caso haya removido la conciencia de una persona o haya dado fuerzas a otra persona para luchar, me doy por satisfecha.

Para todas las mujeres, hombres, niñas, niños que estáis pasando por algo parecido: se puede salir. Pensaréis que no tenéis fuerzas para luchar, pero os sorprendería saber la fuerza que tenemos los seres humanos. Contadlo a un amigo, a un familiar, a la policía, en un tuit, hacedlo como queráis, pero contadlo. No os quedéis callados, porque si lo hacéis, les estáis dejando ganar a ellos.”

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