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La tragedia de Nigeria que escondió el Mundial: 200 ciudadanos asesinados en una masacre religiosa

Ayer, Nigeria era noticia en todos los medios: un partido de fútbol perdido contra Argentina, los descuentos los había dejado fuera del Mundial. La selección nigeriana jamás ha sido un emblema futbolístico, pero habían dado todo lo que tenían. A esas alturas, decían algunos, solo había sido una cosa de suerte. Pero les siguió lo típico: aplausos, abrazos. Quedar eliminados del certamen de una forma tan digna también los había dotado de cierto prestigio. Todo bien, aunque estuviesen fuera del campeonato.

Pero en las planicies centrales de Nigeria, la situación es bastante distinta. Allá, los agricultores trabajan la tierra hasta que oyen el ruido de las motocicletas. Entonces, corren; se tiran al piso, se cubren las cabezas con los dedos. Temen a los sicarios de la etnia Fulani, que salen en cualquier momento de la zona selvática. Nunca van solos. Las motocicletas, como los animales, se mueven en manadas: 20 o 30 se lanzan con sus armas a asesinar a los campesinos que encuentren. Desde el inicio del Mundial, muchos aseguran que los ataques han aumentado. Hace una semana lo que se pensaba eran 89 cuerpos inertes se extendían por los campos. Luego, un nuevo conteo y un barrido por el lugar arrojó la devastadora cifra de 200 en total.

Quienes mueven los hilos son los musulmanes nómades. Ellos crían ganado y quieren ganarle terreno a los cristianos agricultores. En un principio, esta pequeña guerrilla (que aún no ha sido oficialmente declarada) era por motivos de espacio: el cambio climático los estaba desplazando. Pero pasó muy poco tiempo para que los balazos tuvieran motivos religiosos.

BBC

En este momento, los grupos armados nigerianos están viviendo el período más violento que jamás hayan visto. Los números de muertos ascienden a miles, y el hecho de que Nigeria sea el país más rico y poblado de África, tampoco ayuda. Los ojos han sido puestos sobre el enfrentamiento con fines comerciales. Cientos de miles de personas han tenido que huir de sus hogares y hoy una larga lista de granjas y pueblos son solo una colección de pequeñas casas vacías. Algunos que antes fueron agricultores o ganaderos, y se ganaban la vida en los campos más verdes de África, sufren por el hambre, las enfermedades y los problemas higiénicos de los campamentos.

El origen del conflicto

Nigeria reconoce a los pastores de ganado Fulani como los agresores. Es un pueblo de casi 20 millones de personas que se reparten entre los países del oeste y el centro de África. Los fulani nigerianos son, en su mayoría, musulmanes. Y tradicionalmente pastoreaban su ganado en el norte del país. A varios kilómetros de la zona central, el lugar de asentamiento de los agricultores cristianos. Sin embargo, los cambios de temperatura secaron ríos y pastizales. Ya casi no quedaban recursos naturales en los lugares por donde los fulani se desplazaban desde hace siglos. Según cifras gubernamentales, cerca de un 75% de los pastizales al norte de Nigeria fueron consumidos por el desierto. 

AP

Buscando escapar de las sequías, y estando asediados por los ataques del Boko Haram (un grupo armado fundamentalista islámico), los pastores aceptaron llegar a un acuerdo con los invasores, y tomar las armas para llegar al cinturón verde del país: el lugar donde los cristianos amasaban la cosecha.

Por supuesto, los agricultores no creyeron en las amenazas de los primeros grupos armados que llegaron hasta sus tierras. Como una forma de advertir al resto, los sicarios cortaron sus manos, se las colocaron en los bolsillos de los pantalones, y los obligaron a caminar por la calle central de la aldea. En mayo de este año, 71 personas fueron asesinadas en solo un pueblo del estado de Kaduna, Abrieron fuego en las calles, incendiaron las casas y apuñalaron a los niños. Las únicas sobrevivientes fueron las mujeres. Carne de cañón para ser vendidas como esclavas sexuales. Dinero para el movimiento.

Un fin de semana lejos de Rusia

Nigeria y Rusia están a casi 9.500 kilómetros de distancia. Nadie oye los gritos de las planicies centrales del país africano en medio del frío Ruso. Por eso tan pocos parecieron estar al tanto de que, el fin de semana pasado, los ganaderos volvieron a atacar, y dejaron a 200 muertos. 

Emmy Ibu

Simong Lalong, gobernador del estado de Plateau, sostuvo un largo encuentro con el presidente Muhammadu Buhari. Después de salir, le contó a los medios que las pérdidas eran mucho peores de lo que se habían estimado en un principio. Ese día, su pueblo tenía a 200 personas menos. 

Sin embargo, el gobernador está con las manos atadas. Una asociación que representa a los pastores negó toda responsabilidad sobre los atentados de los sicarios en las comunidades de Plateau. Harto, Lalong comentó que los “elementos criminales” se estaban aprovechando del conflicto, y utilizando las circunstancias para traficar armas y robar ganado. Los llamó “mercaderes del conflicto”. Para el gobernador, el nivel de sofisticación de las armas que usan los asesinos es preocupante. Habla, a estas alturas, de invasiones terroristas.

Forbes

Un problema político y religioso

A pesar de que el Gobierno asegura estar buscando soluciones, los cristianos tienen una enorme sospecha: acusan al presidente Buhari de estar haciendo vista gorda a los ataques apropósito. Según se rumorea, él también sería un musulmán fulani. A pesar de que no hay pruebas de esto, los hechos concretos son que los esfuerzos policiales han sido más que insuficientes. No hay seguridad en el cinturón verde de país. Buhari ordenó al ejército intervenir, pero muchos de los oficiales tienen conflictos religiosos. Un buen número pertenecen a la etnia fulani, y dijeron que no se manifestarían contra su propio pueblo. 

EPA

Como si fuera poco, ni siquiera los militares cuentan con el armamento suficiente para combatir contra los fulani. Los traficantes de armas han hecho muy bien su trabajo, y los grupos armados dejaron atrás al Gobierno hace un buen rato. Los funcionarios no cuentan con el arsenal de los sicarios. 

AP

La situación tiene a todo un pueblo poco conforme, y eso llevó a un grupo de ciudadanos a intentar iniciar un juicio político para destituir a Buhari a principios de este mes. Ayer, el presidente de 75 años aseguró que seguirá presionando a las fuerzas de seguridad bajo su mando para que frenar el curso de esta masacre. De la misma forma, aprovechó la instancia para desmentir las acusaciones que lo posicionan junto a los fulani.

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