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“Era una subasta de esclavas sexuales”. Exmodelos cuentan cómo eran las fiestas privadas de Trump

De metro noventa, siempre de traje, con unos dientes blancos impecables, y una tintura que lo deja más rubio que el sol. Donald Trump siente que su atractivo tiene una potencia prácticamente infinita. En más de una ocasión ha hablado bien de su aspecto y de lo mucho que se preocupa por su look. Pero, como muchos probablemente ya hayan sospechado, esto no tiene demasiado que ver con el amor propio. El presidente de los Estados Unidos es la clase de persona que se arregla para el resto. Que disfruta los halagos: recibirlos, pero mucho más darlos y que estos sean bienvenidos.

Ya lo dijo en 1993 y en televisión abierta: “Tiendo a que me gusten las mujeres lindas, más que las mujeres que no son atractivas”. No es necesario ser un genio para darse cuenta. Solo era cosa de escuchar lo que decía 12 años después, cuando, en una grabación secreta que se dio a conocer en 2005, Trump aseguraba que “se sentía automáticamente atraído por las mujeres bellas”. 

Donald Trump en 2008, recibiendo un beso de su esposa Melania y la modelo Heidi Klum (Foto: AP)

Caderas, cintura, cabello, pechos, espaldas, brazos y piernas. Sus ojos recorren cuerpos ajenos con velocidad y la astucia de quien sabe cómo se regula el mercado del modelaje. Allá, las mujeres son carne, técnica y pasarela. Y Trump no construyó por coincidencia un imperio alrededor de este modelo de negocios.

Para 1996, el mandatario electo ya tenía en su poder la organización de los concursos de Miss Universo. Todo (o casi todo, salvo los temas más aburridos, burocráticos, y alejados de las mujeres) pasaba por él. Conoció modelos, las invitó a cenar, e incluso fue pareja de alguna de ellas. Pero no estaba conforme. Necesitaba un espectro mucho mayor sobre lo que los rostros podían ofrecer. Apuntó al futuro. Compró Miss Estados Unidos, Miss Estados Unidos Adolescente, y fundó la agencia de modelos Trump Model Managment, también conocida como T-Models. Con tres certámenes en su poder, y estando a cargo de una empresa que se preocupase del futuro de las modelos más prometedoras, podía estar más tranquilo. Su panorama era amplio. Había de donde escoger. No es coincidencia que su primera y tercera esposa hayan sido modelos durante su juventud.

Donald Trump y su primera esposa, Ivana, en 1988 (Foto: AP)

Pero Trump no tuvo los tímidos acercamientos que cualquier persona tendría hacia alguien que le causa un interés o una intriga especiales. El presidente era el tipo de sujetos que hacía fiestas para conocer parejas o concretar encuentro más “casuales”. En los ’80 y ’90, Trump organizaba reventones con los rostros del mundo de la moda. Más magnates e inversionistas que diseñadores o diseñadoras. Y, por supuesto, muchas, muchas modelos. A pesar de que hasta hace poco estos eran solo rumores de pasillo, el programa de investigación Panorama de la BBC dio con algunas asistentes a los eventos del ahora presidente.

A mediados de la década de los ’80. Barbara Piling tenía 17 años. Comenzaba a incursionar en el mundo del modelaje. Recibía recomendaciones y comentarios sobre su aspecto físico y su desplante por las pasarelas. Comenzaron a invitarla a fiestas. Había que conocer gente para poder subir un poco en la escala de modelos reconocidas. Y, sobre todo, aprovechar la edad. Para los viejos magnates de la industria, los 17 son el punto exacto. 

Piling (Foto: Panorama BBC)

En una fiesta, Piling comenta haberse encontrado con Trump en una fiesta. La ex modelo cuenta: “Me preguntó cuántos años tenía. Le dije que 17 y me dijo: ‘Oh, estupendo, ni demasiado vieja ni demasiado joven. Eso es genial’”. Piling continúa ejercitando la memoria para la BBC. Que Trump le dijera que estaba a punto de rozar la vejez aún sin ser una adulta no es lo más duro de su testimonio. Hablando por primera vez en público, la exmodelo también cuenta que en esa fiesta habían niñas. Muchachas de 14 o 15 años que también aspiraban al modelaje: “Yo tenía 17 y podía ver claramente que ellas eran mucho más jóvenes que yo. Se veía en su forma de vestir y por como hablaban”.

Y lo más impresionante no eran solo las muchachas. Ellas, desgraciadamente, estaban ahí por una razón: los hombres mayores tenían interés. Las posicionaban como objetivo y se les acercaban. Sobre esas mesas corrían alcohol y drogas de todos los tipos. El ambiente, en general, estaba hípersexualizado. Piling habla sobre una conversación con Trump que se vio interrumpida por la llegada de una camarera: “Recuerdo que pasó una mesera para ofrecerle una bebida. Él la rechazó pero le dio una palmada en las nalgas y le dijo: ‘No te preocupes que era no es tu propina‘”. Y ella no fue la única que percibió esa clase de incómodas conductas. Comentó que, conversando de pasada con otra muchacha que se encontró en el baño, ella también le dijo que Trump había intentado agarrarle el trasero. 

Melania y Donald Trump (Foto: AP)

El resto se cuenta solo. Por encuentros como esos, muchas mujeres temieron seguir yendo adelante en el mundo del modelaje. Ya no tenía sentido probar en una industria donde el valor está en cuán dispuestas estaban a ser tocadas por un hombre multimillonario y, por supuesto, ellos no esperaban simplemente tantear por sobre la ropa. Las fiestas, las drogas, el alcohol y los lugares privados donde se celebraba con las adolescentes tenían un fin para ellos.

Así lo cuenta Heather Braden, otra exmodelo que tenía 23 años cuando conoció al actual presidente de los Estados. Estaban en Miami y finalizaban los ’90. Parecía el fin de una época. Braden era una de las mayores en la celebración: “Era una fiesta donde había cuatro hombres y probablemente unas 50 modelos. Yo era una de ellas. Parecía que estaba siendo subastada en una especie de puja de esclavas sexuales. Así es como me sentí. Me sentí como un pedazo de carne en el mercado”. 

Braden (Foto: Panorama BBC)

Otra fuente lo confirma. No es Heather. Pide no ser identificada, por miedo, más que nada. Asegura que estuvo en algunas fiestas organizadas por Trump, o a las que él simplemente asistía. Comenta que su mayor actividad social con el magnate fue a principios de los ’90. No da cifras, pero asegura que siempre habían muchos más hombres que mujeres, y que los contextos eran terriblemente cuestionables: “Había mucha cocaína y mucho alcohol. Había hombres tan mayores ahí que perfectamente podían ser sus padres. Les doblaban la edad. Hombres de 50, 60 años por lo menos.

Los hombres tenían sexo con ellas. De eso se trataba, de que ellos pudieran acostarse con ellas”.

Entre ellos, por supuesto, Trump celebraba la hazaña de haberse acostado con alguna mujer que tenía edad para ser su hija. La fuente asegura que, al día siguiente, los hombres siempre alardeaban de haberse acostado con una o más chicas. En ocasiones, con dos a la vez. Y, a pesar de que no hay registros visuales de Trump consumiendo los estupefacientes más rebuscados del mercado antes de mantener relaciones con menores de edad, otras fuentes aseguran que efectivamente fue así. Sin embargo, todas piden mantenerse anónimas. No quieren ser localizadas. Sobre todo aquellas que siguen trabajando en la industria del entretenimiento y el modelaje.

EFE

A pesar de que, después de su investigación, la BBC intentó ponerse en contacto con la Casa Blanca, no han respondido a las acusaciones. Es un período turbulento para el presidente, quien, a estas alturas de su mandato, ya suma más de 20 denuncias públicas por su reprochable conducta sexual. Y muchas piden su dimisión.

Trump, sin embargo, se ha asesorado bien. Y sus abogados se las han arreglado para que no tenga que pararse a hablar de los presuntos abusos frente a los magistrados. Sin embargo, hasta los tribunales están hartos, y el presidente está en el ojo del huracán. Se espera que muy pronto deba pararse frente a una corte a hablar sobre sus nefastas conductas bajo un juramento judicial. 

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