sábado , octubre 20 2018
INICIO / VIRALES / “El satanismo se convirtió en mi vida”, el relato del sacerdote que conoció a Dios amando al diablo

“El satanismo se convirtió en mi vida”, el relato del sacerdote que conoció a Dios amando al diablo

A pesar de que en pleno 2018 muchas personas no lo sepan, existe una iglesia satánica. Fue fundada en la estrepitosa década de los ’60 en los Estados Unidos por un hombre llamado Anton Szandor LaVey. Desde entonces, se ha difundido con una impresionante rapidez por todo el mundo. A pesar de que la palabra “satánica” y todos sus derivados suelen apuntar directamente a la obra y el legado de Lucifer, el ángel caído que se menciona en el Antiguo Testamento católico, la búsqueda de esta iglesia está bastante alejada de adorar al personaje que se enfrentó al Dios bíblico en un arranque de ego. La filosofía de LaVey no adora, asesina, ofrece sacrificios, ni comete otros actos asociados al sacrilegio. Esta, más bien, es una reaccionaria en contra del cristianismo: acusándolo de ser una filosofía adoctrinante que busca sembrar miedo, temor y culpa en sus seguidores. Así, pone a Satán como un personaje que representa inteligencia, astucia y duda (asociando a esta última como una característica muy humana), y proponen como las enormes virtudes humanas a la indulgencia, el placer, el orgullo y la justicia.

“El satanismo se convirtió en mi vida”

BBC Three

Benedict Atkins es un pastor de Canning Town, un pequeño pueblo ubicado al este de Londres. En un testimonio entregado a BBC Three, el religioso comentó cómo fue que llegó a su misión religiosa habiendo sido satanista desde muy joven. Devoto de la iglesia de LaVey desde los 15 años, asegura que sus padres eran fervientes cristianos practicantes, y que conoció la iglesia junto a sus hermanas desde su más temprana infancia.

Pero la influencia de los padres en la fe no fue suficiente para Atkins. En su declaración, el pastor asegura haber sido rebelde desde muy joven, y que eso lo alejó vertiginosamente del camino de la fe que hoy en día lleva.

“Comencé a pasar mi tiempo libre en el parque de patinaje local en el sudoeste de Londres y a escuchar a grupos de death metal. Empecé a consumir alcohol y drogas y perdí mi virginidad a los 12 años.”

Entre música de mensajes y tonos potentes y tablas de skate, Atkins conoció la rebeldía y la desobediencia. Dejó de ir a la iglesia, no escuchaba a sus padres, y las historias bíblicas le causaban una extraña, pero reconfortante sensación, que se movía entre la rabia y la risa. Se unió a una banda. Tocaba, por supuesto, la guitarra eléctrica. Vistió camisetas de bandas, bebía alcohol y se maquillaba, a veces, por gusto; otras, para impresionar chicas. Quería que ellas lo vieran distinto, no como a cualquier otro pelmazo adolescente.

La llegada a una nueva fe

Anton LaVey, el fundador de la iglesia satánica. (Foto: Church of Satan Archives)

Una noche, Atkins fue a ver a un amigo. Sus padres tenían una enorme biblioteca y, entre los estantes, se encontró con un libro que nunca había visto. Llevaba por título Biblia Satánica. Se sentó a leerlo, y no pudo pararse hasta haberlo terminado. El libro estaba escrito por un sujeto llamado Anton LaVey, un tipo nacido el 1930 en Chicago. Era músico y escritor. Se coronó como fundador de la iglesia de Satán, y se otorgó a sí mismo el título de Papa Negro. Además de ese libró, escribió “The Satanic Witch” (La Bruja Satánica), “The Devil’s Notebook” (El Cuaderno del Diablo”), y aseguró dedicar su fe al entendimiento de la naturaleza humana. Se llamó a sí mismo materialista e individualista. 

La lectura de LaVey, quien no estaba interesado en rendirle culto a dioses, sino a la carne y a la satisfacción total del deseo humano, significó la completa apertura de un mundo nuevo para Atkins. Comenzó a averiguar, y supo que la Biblia Satánica había vendido más de un millón de copias desde su primera publicación, en 1969. Estaba salvado. Habían otros como él.

El pastor asegura que, en esa época, pasaba por un momento un tanto complicado (pero tremendamente asociado a la adolescencia) y su conexión con la fe satánica lo creyó salvado:

“Estaba insatisfecho con mi relación con mi novia y discutía frecuentemente con mis padres. El satanismo parecía reconocer el dolor y la rabia que yo sentía.”

Al día siguiente, comenzó una etapa importante en la forma de ver el satanismo del muchacho. Una discusión con su madre lo llevó hasta su alcoba. Arriba, y con la puerta cerrada, tomó un cuchillo y comenzó a cortarse el brazo. Trazaba un patrón. No descansó hasta que tuvo un pentagrama sobre su piel. Asegura que, a pesar de haber sangrado mucho, no estaba interesado en detenerse. Necesitaba el símbolo de la iglesia satánica en su cuerpo.

“Amarte a ti mismo a expensas de los demás”

El baphomet, imagen del macho cabrío antropomorfo asociado al satanismo (Foto: AP)

Ahora, más que un sistema de imágenes y rebeldía contra sus padres, Atkins comenzaba a comprender la filosofía del satanismo. En sus palabras, esta religión significaba:

“Amarte a ti mismo a expensas de los demás. En un sentido filosófico, en realidad tiene poco que ver con la devoción hacia el diablo.”

Según la experiencia del sacerdote, casi todos los satanistas hacen todo lo posible para conseguir lo que quieren en la vida. Comida, sexo, dinero, bebida, toda clase de drogas ilegales. En su escala de valores, el placer está primero. Y si es necesario aprovecharse, o usar a alguien de puente para conseguirlo, no hay problema. Finalmente, asegura, eso es lo que los termina haciendo sujetos tan oscuros. El egoísmo de estar siempre antes que todos. Se terminan volviendo hostiles y solitarios. Finalmente, es una manera de pensar peligrosa.

Sin embargo, para él, esa era una época en la que valía la pena intentarlo. El dios cristiano no lo llenaba. A Jesucristo, despreocupado en el cielo, no le interesaban los problemas mundanos de la gente como Atkins. Los cortes se volvieron regulares, y por su boca y su nariz las drogas entraban a un ritmo increíble. Su dibujos favoritos eran los pentagramas: en paredes, cuadernos, mesas, libros escolares, su propio cuerpo. Su nueva fe lo estaba carcomiendo todo. 

A pesar de que en algún momento fue el chico cool y rebelde de la escuela, Atkins comenzó a infundir miedo en sus pares. Su instinto autodestructivo estaba fuera de control. Se quedó sin amigos, su novia lo evitaba y le temía. Las autolesiones se hicieron aún más recurrentes.

Un sueño lo cambió todo

El pentagrama, símbolo por excelencia de la iglesia satánica. Aquí, va acompañado del baphomet, imagen del macho cabrío antropomorfo asociado al satanismo (Foto: AP)

Una noche, una pesadilla entró en el sueño de Atkins. En ella, el diablo en persona estaba parado a los pies de su cama. No hace una descripción clara de él, pero se desprende de su testimonio que era antropomorfo. Habla de un sujeto bien vestido que hablaba inglés. En ese momento, y mirándolo desde su alcoba, le dijo:

“Vas a terminar tus exámenes y luego vas a morir”.

Pero eso no determinó un cambio inmediato en su personalidad. El miedo lo hundió aún más. Comenzó a hacer tratos con ese sujeto al que aseguraba haber visto. Afirma que:

“Si yo robaba cosas como bebida de mis padres, era honesto con las chicas diciéndoles que solo quería tener sexo o lograba hacer que otras personas pelearan entre sí, entonces iba a poder seguir viviendo”.

Todo era una ficción de su cabeza. En realidad, jamás había llegado a ese acuerdo con nadie. Desesperado por sobrevivir, se convirtió en una persona aún más nefasta y manipuladora. Después de un tiempo, las pesadillas se hicieron un tema recurrente. En ese momento, decidió frenarlo. Despertaba todas las noches aterrorizado y se dio cuenta de que estaba trastornado. Comenzó a cuestionarse qué tan reales habrán sido esas conversaciones con el diablo. 

El tormento de Atkins terminó por hacer que su novia lo dejara. Ya sin ella y sin ningún amigo que lo acompañara y lo ayudase a salir del agujero, sentía que solo tenía a Satanás. Llegaba la época de los exámenes, el calendario pasó. Los rindió todos. Estaba vivo. 

“Entonces me quedó claro que él era un mentiroso.”

Una salvación inesperada

BBC Three

Jamás se imaginó que, un día, un amigo de sus hermanas lo invitaría a un festival cristiano en la campiña. Era una semana entera de música, talleres y conversatorios sobre la obra de Jesucristo. A pesar de que él no estaba interesado, ya había cultivado suficientes dudas sobre el satanismo como para no ir. Además, no estaba interesado en la religión. Pensó que una semana en la campiña rodeado de chicas jóvenes sería una buena ocasión para encontrar placer. 

“Pero me sorprendió descubrir que estaba lleno de gente que, como yo, estaba insatisfecha con el cristianismo tradicional.”

Aún más lleno de dudas, guardó silencio y mucha contemplación durante la semana que duró el festival. La última noche, mientras oía una charla sobre cómo reconocer cuándo has tocado fondo, un desconocido se le acercó, y se ofreció a rezar por él. Solo por la incomodidad del momento, y no saber qué responder, Atkins le regaló un reticente “sí”. 

El rezo le trajo una enorme sensación de paz. El hombre le dijo que, aunque él creyera que no había esperanza en su vida, dios tenía un plan para él. Le aseguró, también, que Satanás era un mentiroso. Eso abrió un nuevo mundo de sensaciones en la vida del muchacho perdido. Asegura haberse sentido libre y optimista por primera vez en muchos años. 

De acuerdo a Atkins, se acercó al cristianismo de nuevo, pero muy de a poco. A pasos de caracol, se iba acercando a una religión que lo había decepcionado con anterioridad. En el parque de patinaje, una nueva historia corría entre las bocas de los muchachos. Ese tal Benedict Atkins se había convertido en un cristiano renacido.

Dejó de frecuentar viejos lugares y viejas amistades. Aprendió a pedir y dar perdón. Dejó de utilizar a las personas para conseguir alcohol, sexo o dinero. La vida hedonista ya no le interesaba, así que decidió empezar a relacionarse con muchachos que asistían a la iglesia de sus padres. La iglesia se volvió cada vez más frecuente. Poco a poco, una gran verdad llegó a su vida: él pertenecía realmente a ese lugar. 

Tanto así que, a los 20 años, Atkins conoció a su esposa Sarah a través de la iglesia. Ya llevan tres años de casados.

Dedicar la vida a la religión

BBC Three

Atkins asegura que nunca buscó convertirse en pastor. No se sentía preparado para guardar los rebaños del dios al que ahora le había regalado su alma. Pero había acabado la universidad, y consiguió un trabajo en un pueblo al sur de Londres para ayudar a chicos disléxicos de pandillas locales. Él sabía muy bien de dónde venían. Conocía la violencia, la disconformidad y la rabia. Creía ser el indicado para acercarse a ellos.

En su necesidad por encontrar un lugar para orar, se unió a una nueva iglesia en la zona. Los jóvenes comenzaron a reconocerlo en la iglesia y a difundir la palabra de que, en esa capilla, un sujeto bastante agradable aconsejaba a los chicos sin resquemores ni reproches. Solo por la dicha de hacerles el favor de la guía. En ese momento, asegura haber sentido un llamado. En sus propias palabras:

“Sentí que era una gran responsabilidad, así que decidí prepararme y realicé un curso de Estudios Bíblicos en la Universidad de Nottingham.”

Los semestres se le pasaron rápido, y la entrada en la iglesia también. Ahora lleva 18 meses siendo pastor en Canning Town, al este de Londres. Asegura, eso sí, que sigue siendo crítico con la iglesia. No quiere que lo identifiquen con los otros pastores. No usa alzacuellos. No quiere ser una figura de la autoridad. De donde él venía, esos símbolos jerárquicos solo le dificultarían el poder establecer una conexión cercana con los otros.

En un principio, la congregación dirigida por el pastor Atkins tenía 5 miembros. Ahora ya son 50. Asegura que aún lleva encima ciertos amuletos para poder conectar con la juventud, y demostrarse a sí mismo que, en el fondo, sigue siendo el mismo de siempre: un pendiente adorna su oreja izquierda, y acaba de hacerse un nuevo tatuaje. Él sabe que eso no lo hace especial. Aretes y tatuajes son un patrón en el mapa poblacional de todas las ciudades, y Canning Town no es la excepción. 

Con mucha fe y convencimiento, Atkins habla de su nueva labor como pastor: 

“Cuando recuerdo cuán asustado y perdido estaba cuando era satanista, me reafirmo en mi decisión de ayudar a la gente. Es por eso por lo que hago este trabajo.”

Ahora, él asegura que solo espera de la vida quedarse en Canning Town hasta que dios disponga de algo nuevo para él y su camino. Ayudar a los más jóvenes a ser guiados. Mantenerse cercano a la fe que Satanás manchó, y que un extraño le ayudó a recuperar con un silencioso rezo en un campamento de desconocidos. 

Mira también

15 hombres que cambiaron completamente luego de afeitarse la barba. Parecen bebés

En la vida de todo hombre hay un ítem que, a medida que van pasando …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.